quarta-feira, junho 29, 2011

La resaca de los gobernantes y los gobernados.

(FOTO: film "v-for-vendetta")



En la cuenta pública, el estado de la nación, en España, el presidente del gobierno José L. R. Zapatero ha descubierto en las movilizaciones de las últimas semanas en las principales ciudades del reino, “demandas realizadas al amparo de derechos democráticos” que “forman parte de la fisiología y no de la patología de nuestro modelo de convivencia”. Algo así como los malestares por comer mucho y mal o a una resaca, un cansancio por perturbaciones del sueño o un dolor muscular por un ejercicio excesivo y desacostumbrado. La idea fisiológica de que se ejercita una cierto equilibrio del organismo o que una movilización es un “malestar”, es muy común. La metáfora biosocial no deja lugar a malas interpretaciones, refleja una forma de pensar la sociedad desde el poder en que se esgrime un proyecto de estabilidad de largo plazo basado en sucesivos rebentones que sueltan presión sobre los sistemas.


Independiente de que nadie podría decir que no es un malestar, seguro la alusión no va a quedarse por allí y será contestado por alguna comisión acampada o intelectual de moda. Lo relevante de esta metáfora es que explicita una versión desde el gobierno, genéricamente hablando, de sus movilizaciones ciudadanas.


La pregunta que surge para los movimientos en acción contingente es demostrar-se si expresan algo necesario. Lo que puede suceder es que no hay contingencia política en las calles luego de las siguientes elecciones – sea el país que sea de los varios que en estos momentos están siendo escenario de masas – como muchos quizás las esperan, masiva, programática, multipropósito y multilateral. Al contrario la idea o el fantasma de que al final viene la resaca no es una metáfora que se le ocurra sólo a los gobernantes, sino que ronda en la propia reflexión de quienes tienen el deber cotidiano de apuntalar una acampada. La versión de un grupo social politizado definiendo pasos en una contingencia es un significante adrenalínico pero vacío, en tanto no se reconozca en la elaboración de los significados más allá de sus propias asambleas.


En otras palabras, elegimos la metáfora inicial porque sirve para pensar los significados autonomizados, por lo tanto la posibilidad de entender que las movilizaciones no expresan lo mismo necesariamente y que sus significados no están presos a ellas. Son expresiones equivalentes que no están bajo una única proyección social de transformación homogenizadora. Son significados que otros toman y que traducen. De alguna manera es lo que ha sucedido en diversos lugares que no podrían ser definidos a partir de nuestros antiguos preconceptos culturales, civilizacionales o meramente ideológicos.


Esta forma de pensar no es una obsesión por el proyecto político a surgir de un estado de la situación. Diría que es precisamente la necesidad de entender que no hay tal proyecto y que la equivalencia de ciertas manifestaciones es sólo eso, una manera de verlas para darle sentido a una metáfora. Los antagonismos que surgen lo hacen de manera independiente pero equivalente. Su polisemia se abre precisamente por la falta de proyecto político. Por lo que estamos ante la paradoja que a más de un activista puede preocuparle, la mantención del antagonismo como una fuerza visible depende de su falta de proyección política. Y lo que es más grave, las equivalencias las puede terminar poniendo el gobernante (como género, insisto). Puede ser que las equivalencias permitan desalojar ciertas posturas débiles y menesterosas (por decirlo suavemente) y terminen imponiéndose las posiciones más abiertas y duras para reinstalar el “orden” y el “equilibrio” como si fuera eso lo que se debiera imponer en la sociedad democrática. Por estos días parece estar comenzando a suceder que los originales gobernantes de la obsesión por el orden están retomando los comandos de las sociedades que se habían abierto a ensayos de ciudadanía como se les había prometido y demandado tantas veces. En Europa, en América latina, en la propia América del norte, estos procesos están en curso y resistidos o no, es urgente pensar acerca de ellos y compartir lo que se piensa que es una buena manera de entender las polisemias.


Como no tiene sentido jugar con los a priori y dando por sentado que el estatus de lo real en una contingencia como la actual puede aguardarnos múltiples sorpresas e inesperadas contradicciones, es que vale la pena colocar las preguntas y dejarlo aquí para releer y pensar en clave hegemónica el problema de la proyección política de los antagonismos sociales y sus metáforas.

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