sábado, maio 05, 2007




OBSESIONES DE FRANCIA


Una sola vez un candidato presidencial francés, favorito en las encuestas, ha optado por rechazar su candidatura. Más aún, lo hizo porque sostenía que Francia vivía en medio de una ficción política en la que los presidentes no hacían lo que se proponían. Que aunque tuvieran las mejores intenciones (o las peores) no habría motivo para esperar que se cumplan las promesas.




Jacques Delors, optó por el trabajo en la Comisión Europea que presidió por 10 años, y la presidencia de la Comisión sobre la Educación para el siglo XXI de la UNESCO. Ha sido llamado Monsieur Europa y padre del Euro, aunque tal brillo no le es correspondido en la política francesa. En el 2007, como socialista, dio su apoyo a la candidata Madame Royal, sin embargo declaró a Euronews que en esta elecciones se siente decepcionado y que no hablará más sobre el tema. Trece años antes, cuando explicó en una entrevista televisiva que no aceptaba ser candidato recurrió a la frase: “las decepciones de mañana son peores que los disgustos de hoy”, refiriéndose al escaso apoyo que tendrían las reformas sociales una vez electo presidente. La política, decía, no se aleja mucho de las frases publicitarias que luego son olvidadas. Las primeras declaraciones después de la primera vuelta presidencial en Francia, redundan en ello, en los llamamientos al sueño francés y la República del respeto social.


Delors habría evitado la llegada de Chirac, sin embargo, cree que habría sido peor mentir sobre lo que pensaba. En 1995, se inició la era Chirac, un político de derecha que desde inicios de los 60 ocupaba diversos cargos públicos. Una de sus primeras medidas fue reiniciar las pruebas nucleares en el Oceano Pacífico. Por contradicción, actualmente ha usado los foros internacionales para sostener una posición proclive a medidas para detener el calentamiento global, en medio del inicio de las campañas presidenciales para un nuevo periodo en que su aliado y ex Ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, tiene la primera opción de ganar en segunda vuelta a la socialista Ségolène Royale. El centrista François Bayrou, tercero en las urnas, no cambiaría la tendencia con la histórica tendencia de su sector al conservadurismo. El centrismo, decía Delors, es un ente indefinible, a propósito de que generalemnte no estaba dispuesto a asumir un rol de alianza.


Poco cambiará en Francia como lo anticipaba Delors en sus Memorias, lo que acrecienta la incertidumbre en un momento en que la Unión Europea necesita más a Francia y a Alemania para reimpulsar su Constitución. En un momento en que no queda claro si el camino que logre validarla será el de los referendum como sostiene aún Delors o de un tratado simplificado como ha propuesto Sarkozy. Unido a esto, la agenda ambiental de Europa ocupará a quien gane en una dimensión creciente.


La política del Palacio del Eliseo, será noticia por lo que Delors llama la acción aleatoria de la política francesa, cuya fórula mágica es sostener que todo es política, por lo que no debe haber una agenda específica para el gobierno. Eso permite desconocer los cambios societales y el aporte de las comunidades descentralizadas, sus demandas y acciones, sus realidades locales.
Tal programa para Delors era una lucha contra el vacío que aleja la política de la opinión pública, desconociéndola como espacio de disernimiento de la sociedad civil. Tal ejercicio de un poder lejano, enclaustrado, es el talón de aquiles de las democracias. Es un gobierno sin memoria, o sea, es alguien que sin sacar lecciones de la historia, no resuelve los errores, sino que responde según decante el momento.


Delors lo reconoce en sus memorias y es una lección que supera tiempos y continentes. Si hubiese aceptado ser el candidato y capitalizado el apoyo ciudadano francés en 1995, tedría que haber elegido entre mentir a la opinión pública para asegurar el apoyo electoral o decir realmente lo que pensaba, perdiendo el apoyo del poder político que se necesita para gobernar.
La paradoja de la presidencia está así en la falta de memoria, de no aceptar que la organización de los gobiernos se ha ido construyendo de tal manera que ya no hay mayores sorpresas. Delors, reconoce que permanentemente vuelve a pensar su decisión, sin embargo cree que los hechos han terminado confirmándole sus temores.

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