LOS ESQUELETOS DEL ARMARIO
“El Estar Allí es una experiencia de postal”, según Geertz. Se trata más bien de “estar Aquí”. Este juego de espacios, es también temporal. El aquí incluye al individuo con su tiempo presente, lo exige a expresar su Aquí. Geertz anticipaba así el abandono del autor como redactor de su imagen del Otro, el Aquí lo lleva a decir que “el pasado no sólo no está muerto, sino que ni siquiera es pasado”1
La “Nova Historia Cultural” permite aprovechar estas palabras, en una situación de cambio de siglo en la cual se mira hacia las acciones simbólicas de las comunidades, en la medida en que toda historia es siempre los significados que los individuos le dan a las cosas, palabras y acciones.2
Esta categoría parte de la idea de Cultura como la totalidad de lenguajes y acciones simbólicas propias de una comunidad. La amplitud de tal definición, lleva ciertos desafíos. En primer lugar debemos abandonar el formalismo en la relación simbólica que establece el lector, espectador u oyente al apropiarse del texto. Esto en función de establecer las relaciones entre la obra que es singular y la representación que es común. El segundo desafío es la articulación entre la cultura del erudito y la cultura popular. Esta última es entendida como sistema simbólico autónomo que vive el desface de la legitimidad en medio de un proceso de desigualdad en el mundo social.
Un tercer desafío de la historia cultural es la articulación entre práctica y discurso. En esta articulación el individuo aparece como sujeto situado, en medio de la dominación social mencionada. Su posición de sujeto estará determinada por lo que le es posible pensar, decir y hacer. Esto permite entender la posición de sujeto en tanto articulación del individuo con su concepción de sí mismo y su concepción del otro. De allí que la Nova Historia Cultural haya usado la noción de representación para entender por ejemplo la violencia de las sociedades occidentales entre la Edad Media y el siglo XVIII y cómo esa violencia se instiucionaliza y legitima posteriormente a través del Estado. Para la Nova Historia Cultural, entonces será necesaria una historia política y una historia social que entiendan las relaciones de poder en tanto relaciones simbólicas. Tanto lo social como lo político, lleva a Chartier a entender los amplios alcances de esta propuesta como espacio, más que como unidad y coherencia de una escuela u objeto de estudio. Un espacio entonces en el cual se puede confluir no sólo desde el estudio de la historia. Quizás sea esta la gran propuesta de la categoría Nova Historia Cultural, que nos permite relacionarla con la discusión actual acerca de la función social del historiador y el desafío de decir lo que las sociedades quieren olvidar.
“La memoria se refiere al pasado, pero no es el pasado; de la misma forma que el pasado tampoco es la historia”3, recuerda Vásquez. A esto podría referirse Burke cuando sostiene la idea de historiador clásico como un “Lembrador” y al contemporáneo como un “Recordador”4 Mientras el primero es un guardián de la memoria de los individuos destacados del espacio público, el segundo es un eufemismo con que se ha definido al recaudador de impuestos. Lo mundano del concepto lo refuerza Burke recordando que se trata de mostrar los esqueletos del armario de la memoria social. Estos factos incómodos quedan en el esquecer, un olvido que también es traducible como escojer, que por lo tanto no es fruto sólo de algún poder absoluto o censurador. Freud entenderá por su parte que hay individuos en los que traer un acontecimiento a la memoria les provoca desplacer por lo que lo excluyen o esconden. Aún más, la alusión a los esqueletos del armario podría tener como condición de posibilidad la reestructuración de la moldura social. La pintura que simboliza nuestra sociedad y que sostenemos desde un marco suspendido en nuestra memoria tendría que cambiar de marco, no sólo de contenido.
El recordador debería entonces desmontar las estructuras de comprensión del mundo aunque sea su propio mundo en una acción que provoca tanto nuevas simbologías como formas de simbolizar.
En este programa podríamos estudiar desde las demencias seniles de Pinochet hasta gran parte de los discursos de Bush o los alegatos de defensa de Sadam Hussein, por colocar en la mesa algo de los personajes contemporáneos menos queridos y sus particulares interpretaciones de la historia. Pero también podemos entender cómo un proceso más amplio de significaciones puede ser revisado desde un rol recordador.
Es el caso de Turquía venida a las pantallas mundiales por sincrónicos hechos. Sincrónicos porque hasta las historias del pasado han sido hechas presente. Orhan Pamuk podría explicar así que lo hayan condenado a cárcel por recordar la matanza armenia a manos turcas a principios del siglo XX. El ha cumplido el rol recordador, al contrario de Joseph Ratzinger que interpreta al profeta Mahoma como si hablara de bombas de destrucción masiva. Una es la decisión de volver sobre los factos incómodos propios y otra simplemente esconder los propios esqueletos del armario apuntando retóricamente hacia el otro.
Por esto la obra de Pamuk resulta interesante como punta del icberg para entender el último siglo en Turquía. Esto, desde los suscesivos quiebres institucionales y gobiernos militares desde la posguerra, donde la doctrina del kemalismo sigue aludiendo al general Kemal Atatürk que fundó la República tras la primera guerra mundial (1923). Un plan de investigación podría aplicarse así desde la Nova Historia Cultural, estableciendo los tres desafíos ya descritos.
En primer lugar la obra literaria permitiría revisar aquellas relaciones que establece libremente el lector, de lo que se dice y se sotiene por los hechos relatados en las novelas de Pamuk en la circularidad del sí mismo turco y el otro occidental. En segundo lugar estudiar la vinculación entre cultura erudita y aquella popular que se nutre de la información mediática de los sucesos asociados a Turkía en lo que lleva de República. El tercer desafío de la Nova Historia Cultural podría enfrentarse así reconociendo la normatividad sobre la cual se sostiene el individuo, militarización, religiosidad, europeísmo y poscolonialismo. Tal plan debiera permitir lograr el objetivo del recordador para entender la historia contemporánea de Turquía como la historia de la asimilación y circularidad entre el si mismo y el otro. Debemos admitir que un estudio de estas características tendría la fascinación del Recordador, basado en la Nova História Cultural. Un pasaje literario puede cercarse incluso a ello, como sucede con Pamuk,
“Olha bem, na verdade aí está o que tu deverias ter sido, deverias ter entrado assim por aquela porta, ter aqueles gestos, olhar assimo Outro, o Tu sentado neste aposento! O nossos olhares cruzaram-se e saudámo-nos. Ele, porém, nâo parecia muito surpreendido. Decidi entâo qe nâo éramos realmente parecidos; ele usava barba e, além do mais, eu tinha a impressâo de que esquecera o aspecto do meu próprio rosto. Quando ele se sentou á minha frente, lembrei-me de que nâo me via ao espelho há um ano inteiro”5
Lo escondido del rostro turco, la matanza de Armenia viene a sentarse frente a frente, un año es un siglo, pero por lo mismo es todo el siglo, todo lo presente que compone el siglo. Un siglo de occidentalización, que lo hace llegar a la puerta de la Unión Europea y encontrarse con el espejo.
Acceder al presente es acceder así al otro y al si mismo de cara a os esqueletos del armario, como lo ha explicitado un periodista turco recientemente a propósito de la masacre de Armenia,
“Quanto mais fungimos que nunca existiram, mais a sua recordaçâo se transforma, como una obssesâo, num pesadelo diario”6
Cliford GEERTZ. “El antropólogo como autor”. The Institute for Advanced Study, Princeton, N.J. 1987
2Rogert CHARTIER. “A 'Nova' Historia Cultural Existe?”. Cultura, Revista de História e Teoria das Ideias. Vol. XVIII 2004 II serie. Centro de História da Cultura. Universidade Nova de Lisboa
3Félix VASQUEZ,“La memoria como acción social. Relaciones, significados e imaginario”. Temas de Psicología PAIDOS. Barcelona. 2001 p.53
4Peter BURKE, “Capítulo XIV – A história como memória social”, O mundo como teatro – estudos de antropologia historica, Lisboa Difel 1992. Citado en Elsa R. DOS SANTOS, “'Lembrador' – 'Recordador' A Funçâo Social do Historiador”, Cultura, Revista de História e Teoria das Ideias. Vol. XVIII 2004 II serie. Centro de História da Cultura. Universidade Nova de Lisboa
5Orhan PAMUK, A Cidadela Branca. Presença. Lisboa. 2006 p.25
6Gülay GÖKTÜRK, “Questâo Arménia. Genocídio é o nosso pesadelo” Currier Internacional Nº 86 – 24-30 de Novembro de 2006. p.13


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